Ser un artista con síndrome del impostor: lo que he aprendido
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Seré honesta: llamarme artista todavía me resulta extraño algunos días. Incluso después de crear, compartir y vender mis bolsos y grabados, esa voz en mi cabeza sigue susurrando: "No eres una artista de verdad. Solo estás fingiendo".
Eso es el síndrome del impostor. Y si eres un artista que lee esto, es muy probable que tú también lo hayas sentido.
¿Qué es el síndrome del impostor (y por qué los artistas son tan propensos a él)?
El síndrome del impostor es esa molesta sensación de que no eres tan talentoso, competente o creativo como la gente piensa que eres, y que un día serás expuesto como un fraude.
Se manifiesta de diferentes maneras:
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Dudar de la calidad de tu trabajo
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Sentirte indigno de los elogios
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Compararte con otros artistas
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Pensar constantemente que "todavía no estás allí"
Para los creativos, el síndrome del impostor puede ser especialmente intenso. ¿Por qué? Porque el arte es subjetivo. No existe un estándar universal para lo que es "bueno", y gran parte de nuestra autoestima puede enredarse en cómo se percibe nuestro arte.
"No soy un artista de verdad": la mentira que nos seguimos diciendo
No puedo contar cuántas veces me he dicho esto a mí misma.
Por mucho ánimo que reciba, lo minimizo con pensamientos como:
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"Solo tuve suerte".
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"No es arte de verdad".
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"Otras personas son mucho mejores que yo".
Pero esta es la verdad: si haces arte, eres un artista. Punto. No hay un club secreto, ni un umbral mágico que tengas que cruzar. No necesitas un título, una exposición en una galería o un gran número de seguidores. Solo necesitas crear.
Cómo lidio con el síndrome del impostor (y tú también puedes hacerlo)
El síndrome del impostor no desaparece mágicamente, pero he encontrado algunas formas de evitar que tome el control:
1. Habla con otros artistas
Cada vez que me abro a otros creativos, me sorprende escuchar que sienten lo mismo. Incluso personas cuyo trabajo admiro profundamente se cuestionan. Eso por sí solo me ayuda a sentirme menos sola.
2. Documenta, no juzgues
En lugar de obsesionarme con si una pieza es "suficientemente buena", he empezado a considerar mi trabajo como una documentación de dónde estoy ahora. No es un veredicto, es una instantánea. Ese cambio de mentalidad ha sido enorme.
3. Crea de todas formas
Cuando la duda se arrastra, trato de seguir creando. He aprendido que la acción es el antídoto. Incluso si me siento como un fraude, hago el arte. Lo comparto. Sigo apareciendo.
4. Celebra las pequeñas victorias
¿Terminaste un boceto? ¿Compartiste algo en línea? ¿Probaste un nuevo medio? Eso es una victoria. Todo cuenta. Intento reconocer las pequeñas victorias, incluso cuando el síndrome del impostor me dice que son insignificantes.
5. Recuerda por qué empezaste
Al final del día, no empecé a hacer arte para impresionar a nadie. Empecé porque tenía que hacerlo. Es como me expreso, como proceso el mundo y como conecto con la gente. Eso es válido, con o sin validación.
Reflexiones finales
El síndrome del impostor no significa que no seas lo suficientemente bueno. Irónicamente, suele significar que te preocupas profundamente por lo que estás haciendo. Significa que te estás esforzando.
Así que si hoy te sientes como un fraude, bienvenido al club. Estás en buena compañía. Sigue creando, sigue aprendiendo y, lo más importante, sigue presentándote tal como eres: imperfecto y apasionado.
Porque eso es lo que hacen los artistas de verdad.
- Jennifer